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Bodegas Rivero con The European father and son golf championship 2017. Sotogrande, Cádiz.

Agradable día en compañía de grandes jugadores de golf de toda Europa, celebrando el final del torneo con nuestro Fabio Montano.


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¿ Por qué existe tanta variación entre los precios de los vinos?

El precio de un vino depende de numerosos factores, empezando, lógicamente, por el de su materia prima, la uva. No cuestan igual unas uvas procedentes de viñedos cultivados por uno mismo que las compradas a otro productor. También hay diferencias de precio en función de la edad de las cepas, el rendimiento por hectárea del viñedo y el esfuerzo exigido para cultivar éste por las condiciones climáticas o del terreno. Tales condiciones influyen, a su vez, en la vendimia. La realizada de forma manual cuesta más que la mecánica y una recolección de uvas en parcelas inclinadas.

Ya en bodega, el proceso de elaboración y producción del vino suma costes al precio, ya que no es igual transformar la materia prima a grandes escalas, en proceso altamente industrializado, que hacerlo de forma artesanal y reducida, incrementando significativamente el coste de producción por litro en éste último caso.

Otros factores posteriores, son el envase -la botella con un vidrio mejor o peor, el plástico, el tetrabrik…-, el tapón de corcho o su hermano pequeño y más barato de rosca, la cápsula (que puede ser de estaño, de PVC, de aluminio…), la maquinaria empleada, los gastos en el mantenimiento de las instalaciones (luz, agua, sistema de refrigeración, humedad natural o inducida), la crianza en roble francés o americano, pues es más caro el primero que el segundo…

 

 

Hablando de la crianza, cuanto más dura, más caro es el vino, entre otras cosas por el almacenaje que conlleva así como el mantenimiento y trasiegos que puede requerir. Un vino joven se elabora y al poco tiempo sale al mercado y deja espacio en bodega. Un vino que “duerme” plácidamente en una barrica o una botella ocupa un lugar que no se puede destinar a otra cosa, con el consiguiente coste. En España es habitual que la mayor parte de la crianza en botella la haga el productor, de forma que el vino que pone a la venta se encuentre en su punto óptimo de consumo o muy cerca de él.

En Francia, sin embargo, muchos vinos con largas crianzas en barrica salen al mercado enseguida y es el consumidor el que debe “reposarlo” en botella.

En esta fase intervienen también factores estrictamente económico-empresariales como el nivel de producción (a mayor cantidad, menos costes proporcionales), la ley de la oferta y la demanda (las marcas muy demandadas, que prevén vender todo lo que producen, pueden jugar con los márgenes de beneficio) y, por supuesto, los recursos humanos, desde quienes determinan directamente la calidad del vino (enólogos con más o menos talento, operarios encargados de la maquinaria hasta quienes hacen posible el día a día de la bodega y sus ventas (comerciales, secretarios, administrativos…). Que estas personas estén fijas en la empresa, trabajen para otra externa y subcontratada o realicen tareas puntuales -por ejemplo, recolectando en vendimia- influye también en las cuentas de la bodega, como lo hacen los ingresos extras que ésta pueda obtener por otras vías, tipo propuestas enoturísticas o gastronómicas.

 

 

Salen los vinos al mercado y resulta que algunos de ellos, elaborados en condiciones muy similares, presentan precios dispares. Entramos entonces en el complejo mundo del marketing, que empieza en la propia etiqueta. Sus costes, repercutidos en el precio final de la botella, dependen del tipo de papel y de su diseño, a día de hoy uno de los principales factores de elección del vino según un reciente estudio de mercado. La publicidad, los patrocinios, la asistencia a ferias y otros eventos engordan igualmente los presupuestos de los departamentos de marketing, a los que vienen muy bien los numerosos premios y puntuaciones de expertos que se suceden a lo largo del año. Pese a ser frecuentes objetos de debate, es indudable que los puntos Parker o Peñín incrementan la reputación de un vino y, en consecuencia, sus ventas, lo que puede tentar al productor a subir su precio.

Sea o no por puntuaciones ajenas, la fama que una marca se haya labrado a lo largo de los años influye en lo que paga el consumidor por ella. De igual manera, estar acogido a una denominación de origen supone tanto costes para las bodegas, que pagan su correspondiente canon al consejo regulador de turno, como ventajas competitivas por el reconocimiento de que gozan algunas D.O. a nivel nacional e internacional.

Finalmente, el lugar donde compramos el vino influye en su precio. La misma botella puede costar unos euros más según se adquiera en una tienda de barrio, un supermercado, una gran superficie, un establecimiento especializado, un espacio-gourmet… De nuevo, sus responsables repercuten en el precio los gastos de transporte y almacenaje y factores como el volumen de ventas de cada marca, a los que se añaden otros más intangibles y subjetivos como la decoración, el asesoramiento y la atención al cliente, que es a quien corresponde valorar si le compensa pagar más por ellos.

 

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LA FERMENTACIÓN MALOLÁCTICA

La fermentación maloláctica (a veces en la literatura aparece abreviadamente como: fermentación MLFML, o incluso como conversión maloláctica) es el proceso por el cual el ácido málico (presente en la pulpa de muchas frutas) se transforma químicamente en ácido láctico; por medio de bacterias de origen láctico existentes de forma natural en el entorno, o en el interior de la fruta misma.

En el caso del proceso de vinificación la fermentación maloláctica es objeto de interés.1 El principal efecto de la fermentación maloláctica en la elaboración de vinos es la reducción de la acidez (por regla general, con un pH menor que 3.5). En los vinos con mucha acidez, la fermentación maloláctica es deseable. Este proceso, si se controla, puede aumentar la calidad del vino (hoy en día es objeto de controversia1 ), en especial en los vinos tintos, proporcionándole un sabor característico que “llena la boca”. La conversión maloláctica se produce en otras bebidas fermentadas basadas en la fruta (siempre que posea cantidades razonables de a. málico) tales como la sidra (manzanas).

 

Proceso

La fermentación maloláctica se lleva a cabo en las frutas con gran presencia de ácido málico. El sabor ácido de algunas frutas tiene su origen en la presencia de ácido málico (como por ejemplo las manzanas verdes, o la uva). La misión del ácido en estas frutas es la de proteger o defenderse del consumo de los depredadores de fruta. La fermentación maloláctica la realizan bacterias (al contrario de la fermentación alcohólica que la realizan levaduras). Las bacterias que lanzan este proceso maloláctico pertenecen al género Leuconostoc, siendo las más populares en ciertos procesos (como la vinicultura): Oenococcus oeni. La fermentación se produce gracias a las necesidades metabólicas de las bacterias que emplean el ácido málico en la generación de ATP. En el proceso requieren de nutrientes específicos, tales como la vitamina B, las purinaspiridinas, así como diversos aminoácidos.

Una de las características más notables de estas bacterias lactobacillales es la incapacidad de sintetizar moléculas del grupo hemo y es por esta razón por la que se inhiben en presencia de oxígeno. Por el contrario las bacterias lácticas son de las pocas dentro de su género capaces de crecer en entornos ácidos por debajo de un pH 5. Se alimentan del ácido málico (ácido dicarboxílico) y generan ácido lactico (un ácido monocarboxílico), el proceso es controlado por la enzima maloláctica. La reacción química maloláctica simplificada es:

HOOC-CH2-CHOH-COOH → CH3-CHOH-COOH + CO2

El efecto final de la fermentación es elevar el pH del entorno, haciendo que sea más alcalino: el ácido láctico es más débil que el málico. La reacción enzimática es compleja y necesita de otros compuestos que el ácido. La reacción libera al ambiente cantidades de CO2 en forma de gas.

 

Fermentación maloláctica en el vino

La mayoría de los vinos tintos elaborados en el mundo han pasado por esta fermentación, bien sea de forma natural o artificial.3 La fermentación ML del vino es deseable en los vinos procedentes de regiones frías (son más ácidos), mientras que se evita en los vinos de regiones más cálidas (mayor pH).1 Se ha pensado beneficioso para los vinos tintos, pero de igual forma en la actualidad se empieza a pensar lo mismo para los vinos blancos. Los vinos ácidos poseen un carácter y potencia necesaria para soportar largos periodos de guarda y añejamiento en la barrica, con el fin de dar características especiales de notas lácteas (lechequesoyogurcremamantequilla) así como de transformar la textura de cuerpo y densidad en el paladar. El ácido láctico está presente en estos ingredientes lácteos y forma parte esencial de los sabores ácidos de estos alimentos.

A veces se inoculan las bacterias malolácticas en el vino de forma artificial con el objeto de provocar la fermentación.4 Un ejemplo de uso extensivo de este tipo de fermentación se encuentra en los vinos de Chardonnay procedentes de California. En algunos casos se procura evitar la fermentación en la botella (tal y como ocurre en los vinhos verdes dePortugal). Los vinos que han sufrido maceración carbónica pueden ver aumentado su sabor mediante la fermentación ML.

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¿Quién fue Fabio Montano?
En la fachada de la iglesia de Prado del Rey encontramos uno de los restos conservados de esta antigua ciudad, un Cipo funerario (lápida) del siglo II d.C., dedicado a Fabia Fabiana.
Aunque en las dos primeras líneas del texto de la lápida faltan algunas letras que dificultan la lectura, la interpretación general de este monumento funerario se aproximaría mucho a esta traducción:
“Fabia Fabiana, hija de Cayo, dispuso en su testamento que en lugar público se le erigiese una estatua. Así lo ha cumplido su hermano Fabio Montano, su heredero, y ha dedicado la estatua en el lugar que le fue otorgado por el esplendidísimo ayuntamiento de Iptuci”.

En la cara de la moneda se puede observar el que sería el perfil de este mandatario de la antigua ciudad romana.

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